lunes, 2 de marzo de 2009

Alfonso y la operación biquini

Imagen de Ed Polish & Darren Wotz

Los problemas de Lupe con su nueva compañera de piso me han hecho pensar en los problemas de salud de Alfonso. Hace unos días estaba desayunando, cuando Alfonso entró en la cocina, con ese silencio todo pasos aterciopelados y felinos que es la forma natural de andar de los gatos. Hasta ahí, todo bien, pero cuando decidió subirse a la mesa, y de la mesa pasar a la repisa de la ventana de la cocina, rincón que es su observatorio favorito desde siempre, y desde el que vigila toda posible intrusión de esas malditas ardillas urbanas que se zampan mis plantas en el patio trasero, se fastidió el momento "National Geographic".

El bueno de Alfonso calculó mal el salto, error provocado sin duda por esa acumulación adiposa que lleva encima desde que empezó el invierno y dejó de salir y de correr tras los pájaros y ardillas invasores (mi gato es muy mediterráneo, en cuanto la temperatura baja de los cinco grados ya no quiere saber nada del mundo exterior, mientras que Julieta, más peluda y nórdica, no tiene ningún problema). Cuando le vi agarrándose patéticamente al mantel con las dos patas delanteras (no había conseguido izar el trasero a la mesa) mientras poco a poco iba resbalando, pensé:

Dueña Indigna (yo): -"Este gato está enorme".

No por nada se ha ganado los apelativos "panzoncín" (® by María Fernanda), "gatorme", "gatordo" (poco elegante, convengo con vosotros) y "gatolosal" (® by Lupe).

Mi mente, sumamente ocupada por tesinas, cañerías reventadas y otros quehaceres cotidianos, se concentró en otros problemas, y podría haber olvidado que uno de mis gatos corre el peligro de llegar a la obesidad mórbida, si no hubiera sido porque un par de días más tarde tuvimos visita.

Eddy, entrañable amiga mexicana de la que ya os he hablado, compañera de fatigas en el mundo de la lingüística, pasa por casa para ver si aún estoy viva -a pesar de esta tesina que no cesa-, y al entrar a casa y ver pasar un curioso Alfonso por el pasillo, no puede evitar proferir:

Eddy: - "¡Híjole!" (Eddy es mexicana, ya lo he aclarado. Y dice esas cosas.)

- "¡Este gatito está enorme!" (Uno de los rasgos encantadores de los mexicanos es ese uso de los diminutivos incluso en los casos en los que no se aplican. "Gatito" ciertamente no se aplica a Alfonso. Alfonso tiene la talla de una ballena beluga.)

Alfonso trepa laboriosamente al banco de la entrada y Eddy se inclina para rascarle el cogotillo. Alfonso ronronea.

Eddy: -"Fonso, te pusiste inmenso".

Alfonso, estirando el cuello para ofrecer el otro lado del cogotillo a mi amiga, a la que conoce bien por haber sido amablemente cuidado por ella durante mis vacaciones, y sin parecer demasiado ofendido : -"Ppurrrrrrrrrrrrrrr"

Eddy, a mí: -"Pues engordó, ¿no? Quiero decir, aún más."
Mirándolo de nuevo, un poco incrédula: -"¡No manches!" (De nuevo su mexicanidad, que se le sale por los poros. Teniendo en cuenta que, según ella, a mí el verbo me rebosa de españolismo, me abstengo de hacer comentarios jocosos).

Dueña Indigna, incómoda, lanzando una ojeada al minino: -"¿Tanto?"

Eddy, todavía con la mirada fija en Alfonso: -"Ay, sííí."

Las cosas se quedan ahí. Eddy y yo conversamos un poco de mis patéticos progresos lingüísticos, le calzo una bolsa de muffins para que se la lleve a casa y alimente a su novio, y vuelvo a mis tareas. Todo hubiera ido bien, si no hubiera sido porque la misma semana recibimos otra visita, esta vez para monsieur M.

Las visitas de monsieur M. vienen para cosas como devolverle su libro "Las Cuatro Nobles Verdades" o recibir un curso de tai chi y respiración, (y es que cuando no está en el Gran Norte electrificando renos, monsieur M. es zen, elimina el apego, medita y da cursos de tai chi). Esta visita en cuestión es una mujer de silueta estilizada, naturópata de profesión (sí, conocemos una, qué verguenza, y el término se parece preocupantemente a psicópata), con una larga melena blanca y gris que le llega por la cintura, melena que le da un aire entre princesa élfica de edad madura, ex-hippie nostálgica y bruja de cuento.

Naturópata Alternativa pasa a la cocina guiada por mí, y mientras monsieur M. corre a su reserva inagotable de libros sobre la filosofía budista, yo me encargo de los rituales de urbanidad clásicos , ofreciéndole un té (verde, por supuesto), a lo que me responde:

Naturópata Alternativa, con su acento de quebequesa anglófona, que hace siempre que el francés suene muy posh (un poco pijo): -"¿Es orhghánicoh?" (El acento hace que suene así).

Dueña Indigna, examinando la lata, un poco descolocada: -"Mmh, no."

Naturópata Alternativa, ahora con tono de interrogatorio: -"¿Es de comercio justo?"

Dueña Indigna, estresada ante lo selectivo de esta visita: -"... Euh, creo que no, es de, ehm, un comercio chino."

Naturópata Alternativa, que se pasea por el centro de la cocina mirándolo todo, se gira un momento con mucho movimiento de crines blancas y tintineo de numerosas pulseras y pendientes, y me clava una mirada con ceja enarcada e interrogativa: -"¿...?"

Dueña Indigna, un poco roja: -"Quiero decir que, euh, viene de un supermercado del Barrio Chino, donde compro todos mis tés."

Naturópata Alternativa: -"My God, no way, if it's not fair trade... Explotación de niños chinos, you know. Non, merci. Un vaso de agua es suficiente."

Mientras le sirvo un vaso de agua (del grifo, comercio injusto, lo único orgánico en ella es la cantidad de microorganismos que el sistema de cloración de Montreal no ha llegado a eliminar) y me preparo una kettle sintiéndome como una maldita explotadora de niños chinos, Naturópata Alternativa sigue paseándose por mi cocina, tras haber rechazado el asiento ofrecido. Probablemente sospecha que nuestras sillas han sido fabricadas por menores vietnamitas con algún tipo de madera de árboles en vías de extinción . Como el que las ha hecho es monsieur M., ardo ridículamente en deseos de que me pregunte por ellas para justificarme por el té y los niños chinos.

En ese momento de ligero malestar, Alfonso hace aparición en la cocina bamboleando con garbo la colgona barriguilla, con bastante retraso, todo hay que decirlo -normalmente es sociable como un perro, y se apresura a frotarse contra la pernera del pantalón de cualquiera que entre en esta barraca montrealesa-. Siento una alegría desproporcionada al verlo, un ser vivo amistoso en esta cocina, un ser vivo que no juzga los métodos de producción de lo que consumimos en ella.

Ignorando completamente a mi invitada, y con un desprecio total por el origen (orgánico, justo o no) del pienso -dietético, aclaro- que consume, Alfonso se sienta pausadamente delante de su tazón y empieza a comer su ración -cuidadosamente medida- como lo hace siempre: como un gorrino.
Alfonso (sereno, pero aplicado a la tarea): -"¡Chomp, chomp, ñam, ñam!"

Naturópata Alternativa, alta y delgada como su madre, morena, salada, lo mira desde lo alto de su casi metro ochenta, y observa: -"Tu gato está enorme."

Paro un momento de echar el agua caliente en la tetera, y la miro, presa de una súbita irritación. ¿Qué demonios ha ido a buscar monsieur M.? ¿Por qué tarda tanto? ¿Está escribiendo el libro él mismo? Son las ocho y media (aquí eso es casi la hora de irse a la cama) de la tarde de un día que ha sido muy largo, y no tengo ganas de estar haciendo vida social con una terapeuta alternativa maniaca del comercio justo. Y ahora mi gato está gordo. Como si no me hubiera dado cuenta.

Naturópata Alternativa se acerca a Alfonso, con una expresión mezcla de interés científico y un ligero desprecio. Mi gato es a la raza felina lo que los americanos obesos de Texas a la raza humana. Enarca de nuevo su ceja gris, y repite: -"Descomunal. Tienes un gato realmente obeso."

Si cualquier otra persona, cualquier otro día, me hubiera dicho lo mismo, probablemente le habría dado la razón sin dudarlo. Pero ahora mismo esta chica me toca las narices.

Dueña Indigna, un poco seca: -"Es verdad que le sobra bastante peso. Pero no creo que se le pueda calificar de obeso."

Alfonso (concentrado en su taza, masticando con fruición): -"¡Scrunch! ¡Scrunch! ¡Munch! ¡Munch!"

Naturópata Alternativa, con media sonrisa, mirándolo: -"Are you kidding me? ¡Es monstruoso!"

Poso la taza de té un poco demasiado fuerte sobre el mostrador. "Rellenito", vale. "Rollizo", "redondito", "tripón", de acuerdo. Incluso "panzón", viniendo de mis amigas mexicanas, y porque lo dicen con ese tono tan tierno que ponen ellas. Pero "monstruoso", no. Hasta ahí hemos llegado. Y menos viniendo de una hippie que desconoce el tinte y la depilación, así como las buenas maneras.

Dueña Indigna, acercándome al gato y a ella: -"Alfonso. No. Es. Monstruoso. Alfonso. Es. Corpulento."

Alfonso, deja de comer un momento, levanta la cabeza y me mira con adoración, ronroneando: -"Ppurrrrrrrrrrrrrrr."
Naturópata Alternativa me dirige la mirada por primera vez desde que ha entrado en casa, su confianza inquebrantable en sí misma parece agrietarse un poco. Lo mira de nuevo, esta vez con un cambio de actitud: adopta su Actitud Terapeuta. -"Creo que su problema es la inseguridad."

Dueña Indigna, sorprendida pese a todo: -"¿La... inseguridad?"

Alfonso se levanta, se acerca y empieza a frotarse contra mis tobillos, de muy buen humor. Su motor diésel funciona a todo vapor: -"Purrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr".

Naturópata Alternativa, toda su irritante confianza recobrada, dice con aplomo: -"Ahá. Tu gato es un inseguro. Y esa inseguridad le provoca emociones de abandono. Y se come sus emociones. Por eso está obeso." Le lanzo una mirada aviesa. -"Ehm, I mean, rechonchito."

Afortunadamente, monsieur M. irrumpe en la cocina, lleno de entusiasmo y de libros, y tanto Alfonso como yo podemos retirarnos a nuestras dependencias. (Exiguas, todo hay que decirlo. Pero siempre quise utilizar esta frase).
Buscando el número de teléfono del veterinario, lo miro, ronroneante y calentito a mis pies bajo la mesa de la oficina, y murmuro: -"Hay que joderse, Alfonso. Encima de gordo, inseguro."

22 comentarios:

Anónimo dijo...

Fijate que después de leerte me han entrado unas ganas irrefrenables de decirle cuatro frescas a la naturopata alternativa esa...amos hombreeeeeee...será maleducada la tia!!!!!
Con lo guapo y mullidito que el Alfonso!!
Tu ni puñetero caso, que de inseguro nada de nada, se le ve bien feliz!!
Un beso
Maite

Ginebra dijo...

Bah, no crea, en la foto su gato sale bien criadito, de buen año, pero ná más. Tenía que ver al gato de mi hermana, está tan gordo que nos da miedo cogerlo en brazos porque todas tenemos ya una edad en la que hay que vigilar el lumbago. Y tan pancho que está. Y oiga, que tampoco le veo yo más inseguro que a mí. Claro que yo estoy de un hermoso...

Anónimo dijo...

Nuestro Michas se dedicaba en cuerpo y alma a acumular toda la grasa posible, hasta convertirse en "mi madre que gato más grannnndeeeee" y lo hacia por una muy buena causa...en cuanto empezaba a haber gatas en celo ya solo venía a comer ( y lo justo) una vez a la semana. Asi que el acumulo adiposo era pa podé f...sin parar!!!! jajajajaja....
Quien sabe...quizá Alfonso solo este esperando la "primavera" ;-D
Más besos
Maite (again)

IGUALES 3000 dijo...

Vamos, que tal como lo cuentas, a todos nos han dado ganas ponerle la zancadilla a la naturopata estiradilla yo-estoy-de-vuelta-cuando-tu-vas esa. No soporto a los que se creen seres supremos!!! Lo que nos faltaba, también los gatos son seres inseguros .... porque estresado no creo ¿no?

Nieves Diego dijo...

El comentario anterior era mio, que se me ha colado lo otro

alinitaxula dijo...

Pobriño del gato me ha dado cosita jeejej todo el mundo opinando de su barrigón ejejej
Afonsillo a vivir que aún te quedan más vidas y con la comidita que tu amita no veas eres la mar de feliz.
al que le pique que se rasque jeej
biquiño Arantxa

alinita

Lía dijo...

jeje...la abuela de mi novio diríá que el gato está "hermoso". Yo, tardé unos cuantos años en averiguar el matiz exacto de la expresión ;-)

Anónimo dijo...

Ya veo que te han marcado nuestros mexicanismos, jijiji. Por cierto, la naturópata alternativa es la que pienso o alguien màs se ha atrevido a decir que Fonchito es inseguro???
Gracias por la entrada
E
xoxo

La Lupe dijo...

Yo digo aquí y donde haga falta que mi perra es mala, mala como una ciática; pero al primer agente externo que se meta con ella o venga a decirme cómo tengo que educarla lo hago rodajas... Esa bruja estaba pidiendo una mirada láser de esas de superhéroe, que reducen a los malos a ceniza... O, Arantza, le podías haber lanzado a Alfonso, en plan gato arrojadizo, así juguetonamente... Verás tú, la inseguridad, dónde iba...

Dispersa dijo...

Menuda estirada la naturópata esa... amos anda que... pobre alfonso... que está reuniendo fuerzas para perseguir ardillas y marmotas okupas en la primavera que está (debería) a la vuelta de la esquina... pos no será que no le gustan los gatos? porque muy caritativa con los niños chinos del otro lado del mundo, pero no la importa nada herir los sentimientos de quien tiene al lado (gato y dueña), eso no es muy zen ¿no? brrrrrr (bufido solidario)
un besuco.

Lolah dijo...

Qué bien me lo he pasado leyendo tu historia!!!
Y qué peligrosa es la gente que ha aprendido unas cuantas cosas o que ha tenido una idea y todo lo ve desde la misma perspectiva.
No te ofreció darle un curso de autoestima al pobre Alfonso?
Un beso.

María dijo...

¡Pobre Alfonso! Tú gato es grande. Yo tuve un gato que era un gato disfrazado de vaca (pesaba ocho kilos). Y creo que es el único que hacía ruido al lanzarse al suelo...Pero ahí estuvo hasta bien entrados los 18 años. Era un gato tranquilo!!!

Noema dijo...

Jajaja, ay... cómo me he reído, menos con la crítica poco constructiva al pobre Alfonso, ahí me ha entrado la mala leche. Como dice La Lupe, una mirada láser de esas de superhéroe es lo que le hacía falta para que se le churruscaran los pelos de las piernas y el sobaco, juas, juas!

natalika dijo...

Es lo que tienen los entes naturópato-alternativos: esa intrínseca necesidad de que les den al 90% de ellos dos leches bien dadas a ver si además de sentido común les entran también modales... hhmpppffff...

(Mosquis: Cuanto más mayor me hago, más reaccionaria...)

Pobriko gato, joé...

Arantza dijo...

Maite: está visto que Alfonso tiene todo un club de fans :-). Me gusta el calificativo ese de "mullidito", le va muy bien. Vago, pachorro, tranquilo, comodón, también. (Castrado, por cierto, así que tu teoría de la grasa reproductora no se aplica en este caso). Inseguro, no.

Ginebra: tutéame, por Júpiter, (a no ser que sea un "canarianismo" :-D) que si no se me crecen las patas de gallo. Alfonso tiene un hermano (lo tiene Flaming-Hot Sister) que es dos veces él. Por eso afirmo a quien quiera oírlo que podría ser peor. Dos veces peor. Él es el delgado de la familia. Y tras contemplar tus espaldas creo que aún te queda mucho sitio para más fudge ;-).

Nieves: Alfonso está en el extremo opuesto del espectro/escala que mide el estrés: no se estresa lo suficiente. La única vez en su vida que se escapó a la carretera, se tumbó en ella. Menos mal que los coches pararon. En lugar de calmantes, yo le daría unos estimulantes.

Alinita: tienes mucha razón, a ver, cuando estamos charlando con una persona obesa, nadie se pone a hacer este tipo de comentarios. Bueno, pues inseguro, no, pero desde que la tipa ésta pasó por casa, el pobre tiene la autoestima un poco baja. Le he sorprendido mirándose las lorzas mientras se lava, con expresión triste. Esto va a terminar costándome un pico de psicólogo felino.

Lía: bueno, "hermoso" forma parte del repertorio de cumplidos de mi Santa Madre, con el mismo sentido. Y "mejorado". Si Santa Madre comenta que me ve "muy mejorada" en las fotos, es señal de que me estoy poniendo como una morsa. Baremo de belleza de posguerra española, me temo.

"Eddy": vuestros mexicanismos han hecho de mí una persona diferente. Nunca más seré la misma. MF afirma que he conseguido un cierto parecido con vuestra "variante"
:-D, salvo la "h" de "híjole". Imperdonable. No sólo lo he corregido, sino que me he tatuado la página en la que viene en el diccionario de la Real Academia en la plena nalga (perdón, pompa :-) izquierda.
La Naturópata Alternativa está físicamente -y ciertos rasgos de su carácter- inspirada en la que viste por aquí. Y Fonchito.No.Es.Inseguro. :-)

Lupe: lo del gato arrojadizo es una idea, pero me dio miedo producirme una tendinitis tonta en el hombro (y es que Fonso es "corpulento" de verdad).

Dispersa: veo que hay unanimidad en cuanto a la escasa simpatía que inspira este personaje... je, je. Sí que es verdad eso de que hay gente que se preocupa más de los niños de Laos o de salvar a las focas, que de la gente que los rodea. Siempre me ha parecido curioso. A mí estas cosas, cuando se practican de forma dogmática, siempre me han parecido un sustituto de la religión.

Lolah: por supuesto, me propuso una terapia comportamental acompañada de unos productos de herboristería.

María: ahí, ahí, "tranquilo"... es exactamente eso. Tiene una tranquilidad de Buda (cuyas numerosas representaciones son obesas, y nadie va por ahí diciendo que es monstruoso... :-). Y también hace un ruido terrible cuando se baja de algún sitio alto.

Noema: con lo majo que es Fonso, vamos hombre... con lo que ha contribuído -él, y sus lorzas- a salvarme la cordura en ciertos primeros inviernos solitarios...

Natalika: sabía que este personaje iba a picarte en lo más vivo... ;-D

Sara dijo...

A mi me parece que está genial, tu Alfonso. Y yo también odio a la nueva Cruella de Vil.

Por cierto: genial la entrevista! Casualmente estuve en Bilbao (mis suegro siempre compran el Correo), y aluciné cuando te ví.

Besos.

CRIS dijo...

Una visita aquí siempre depara risas.Yo también pienso que tu gato es corpulento y ya se sabe, lo de la naturopatía alternativa es como pertenecer a una secta y que conste que soy usaría de homeopatía y de más alterneces.
Por cierto, hay piensos carísimos para hacer adelgazar al pobre Fonsi (pero no los necesita,eh).
Un beso

Quemona dijo...

Si el problema no es si Alfonso está gordo o no, el problema es si la naturopsicopata tenía un mínimo de educación, y la respuesta es que no. esperaba que le hubieras contestado alguna cosa brillante de las tuyas, que pena, se lo merecía...

Arantza dijo...

Sara: pobre, tú ahí, leyendo el periódico para relajarte, y te llevas un susto al abrirlo... :-D En cuanto a Cruella, me temo que la verdadera Cruella aunque cruel, al menos tenía un poco de chic. Ésta, no.

Cris: yo no tengo nada especialmente en contra de la naturopatía en general, sino de ésta en particular. Lo dicho en un comentario anterior: no me gusta nada la gente dogmática. En cuanto al pienso... *sollozo*, Cris, Alfonso lleva años comiendo el pienso ese -carísimo, confirmo - que se supone que hace adelgazar, recetado y vendido por el veterinario, que a estas alturas debe de haberse pagado un chalé gracias a la alimentación de Fonso. Creo que su metabolismo es demasiado tranquilo. Lo de dormir 19 horas al día tampoco ayuda a quemar calorías.

Quemona: a mí, como a tanta gente, las réplicas brillantes se me ocurren a menudo cuando el ofensor ya se ha largado a ofender a otro :-D. Ahora em serio, mi actitud ante los dogmáticos crónicos intenta ser de una cachaza mezclada con indiferencia. Antes, la irritación me ponía toda belicosa y en pie de guerra, pero con el tiempo me di cuenta de que no ganaba más que un ardor de estómago.

Arantza dijo...

... y os recuerdo, ¡ajem!, que mis entradas etiquetadas como "docuficción" son una hábil mezcla de realidad y ficción. Me inspiro de hechos/personas reales, pero los "aderezo" con un poquito de ficción. A veces -como en este caso- "fundo" dos personas en una, mezclo los rasgos de carácter de una con los físicos de la otra, y de ello resulta un personaje perfectamente odioso... Que tampoco es cosa de que Naturópata Alternativa lea esto (muy poco probable), se reconozca y me sacuda una demanda que te churras. (Un secreto, así, entre nosotros: esta chica, en la vida real, es Alternativa, pero no Naturópata... ¡chuuut!!!!!) ...y Alfonso sigue siendo él mismo, ya que es difícilmente mejorable.

Pilar dijo...

Ainsss, que de gentuza de cultivo ecológico pulula por el planeta.Ainssss, dos buenas nalgadas caramba....

Arantza dijo...

Pilar: no puedo estar más de acuerdo. Y es que las ortodoxias talibanes no cesan, sólo cambian de motivo central. Te lo digo bebiéndome una tacita de café de comercio altamente injusto, el presupuesto de esta semana no me daba para nada mejor. Eso sí que es injusto.